jueves, 5 de febrero de 2009

Carta

Citare al desconocimiento, me inclinare hacia lo documental mi querido amigo, las guerras ya desbastaron lo que alguna vez fue el colegiales de nuestra infancia, el verde andar descalzo, el antiguo osvaldo solamente kiosquero, el metafisico de puras risas para nosotros, la espada de la plaza zarraga, ¿como llego hasta ahi? en que termino todo esto, las ballenas vendran a redimirnos, el olor a mono un lunes por la noche, ojala baste con la longitud de nuestros brazos, para abrazarlo todo y que nada se valla hacia ningun lado y que por un momento todo sea reatratrable y que nuestros cansados parpados reposen sobre la maxima certeza de que alli estara ella, ella como fin ultimo de todas las caminatas nocturnas, de todas las veces Conde al fondo y el tormentoso mar de la calle Pampa, el grito de las ballenas como el canto de las frescas adolescentes o simplemente el relinchar de un 65 contra un 80 por la Sanguinaria cualquier madrugada de Junio.
Eso, y todas las comas demas.
Sin mas, mi querido Dario,
con afecto, le arrojo mi pensamiento.

Francisco

lunes, 22 de diciembre de 2008

Ciudad Baigón

La ciudad... (La puta ciudad)

Es de noche. No conozco otra forma. Siempre es de noche, si no fuese asi, no estaria escribiendo estas lineas.
No queda nada de noche... las ratas, las bolsas de basura rotas, saqueadas y apoyadas contra la vereda. Los semaforos obsoletos, los carteles que esperan un nuevo dia y su gente, para indicarle los nombres y los sentidos de circulacion de las calles. Esperan inutilmente. Hace muchisimo tiempo que nadie se acerca a esta ciudad. Fue abandonada despues de las prolongadas lluvias y la guerra. Nadie recuerda a Ciudad Baigón. Soy el unico sobreviviente. Estoy acostumbrado. Invento mis reglas: duermo de dia, escribo de noche. Sobrevivo gracias a la basura que dejaron en las bolsas negras (corazones de manzana, cabezas de pescado, huesos de pollo, etc). No piensen que soy un indigente, no. Tengo aire acondicionado, tengo libros, tengo discos, tengo agua potable, tengo ropa, zapatos, crema de afeitar, pasta dentifrica, etc, etc, etc.
Me gusta escribir, me gusta caminar de noche, me gusta que no haya ruido, me gusta ir a la iglesia y ver su gran puerta de roble cerrada (fantaseo a veces con abrirla). Amapola era el nombre de mi hija. Amapola es el nombre de la calle donde vivo... no es Amapola, pero yo la llamo asi: Amapola 2365 7mo "A", me gusta rendir tributo a las personas y cosas que me hacen sentir bien. El recuerdo de mi hija me hace bien. Hay dias (noches) en que necesito hablar con alguien y me siento muy solo, pero la mayoria de las veces me gusta el silencio. Ahora intento escribir algo para poder dejar un legado. Me siento culpable por no dejar un legado, algo que pueda documentar mi presencia en esta ciudad...Me pongo comodo, prendo la luz de mi escritorio y escribo en una servilleta de papel: "Esta ciudad no se llama Ciudad Baigón." Enrollo la servilleta y voy hasta la ventana. La abro y me quedo mirando las luces de un avion que vuela a lo lejos. Meto mi declaracion en una botella de vino vacia, la cierro con un corcho y la dejo caer desde el septimo piso, para verla estrellarse contra el asfalto de Amapola y romperse en mil pedazos de vidrio.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Fermento

Cabizbando los vados y la podredumbre de meses largos bajo la lluvia, la gente del colegiales metafísico habito mas entre costumbres y cordialidades que en una verdadera catástrofe como la vivieron [hoy] los antiguos sanguinarios. El olor a puerto perdura y convive con la ya retirada del agua, las moscas se amontonan sobre los muertos animales. El síntoma de enfermedad y esta vez todo era barro, peste, tiranía. Nuevas realidades tramaban la escena del paraje de las ballenas, como entes fantásticos o reales, en el plano celestial o el plano terrenal.
Ballenas asesinas revientan la esquina de mi barrio, ballenas asesinas se juntan en el kiosco de Osvaldo. Osvaldo, el de las pesadillas de Zamel el turco, o el que en otras circunstancias vendía cigarrillos entonando la marsellesa o coca cola tarareando la internacional. Definitivamente preso en las pesadillas de Zamel contemporáneo, quien cena con auriculares puestos, complejizando las noticias y explicando las muertes de los castillos a su tía, que intenta ver por la televisión los concursos del gran baile. En definitiva gigantes edificios conceptúales, séptima generación del renacuajo anglopampeano, fiesta y doma.
- Cierre su libro Zamel, es hora de que nos acompañe
Y el robusto se levantaba empapado en sudor, las palpitaciones le daban hambre y se dirigía a la cocina, en la heladera estarían las sobras de su platillo favorito, Suareas Ancas de Rana extraídas del arroyo Vega por su tía y sus propias manos, - ¡Entrad a mi boca, dulces quinceañeras, entrad! - consumía los batracios y volvía a su estado de reposo.
Así yacen las condiciones de existencia y la sed moderna, la búsqueda como fin último descansa sobre las telas de araña, los monos de la calle pampa robaron el antiguo telón del teatro colon. Zamel respira por última vez

sábado, 6 de septiembre de 2008

113

Caminaba ayudado por su bastón. Su ovejero habia muerto a manos del 113, en donde Forest choca con Pampa, sangrando sobre los adoquines que llegaban hasta la puerta de su casa, en donde descansaba el Renault 12. Rara vez salia de su casa. Su ceguera no le permitia ver que la luz de la galeria permanecia encendida noche y dia. Pensó en volver a fumar, en comprarse otro ovejero. Pensó y no hizo, como la mayoria de las veces que habia pasado en su vida. Se sentó en la galeria. Escuchaba el ruido del 113 y lo maldecía una y otra vez. Solía confundir el episodio de la muerte de su perro con el de la muerte de su esposa. Las "imagenes" eran iguales, reproducidas una y otra vez por su imaginación, la misma que las habia creado en ambos casos. Fue hasta el kiosco de Pampa y Melián. Compró "puchos" como les decía su mujer. Cuando volvió a su casa, se dió cuenta de que las llaves no entraban en la cerradura de la reja. Intentó una y otra vez, golpeó la reja, la maltrató a puntapies, la maldijo, la maldijo con toda su boca, con sus ojos entreabiertos, con su bastón, con el odio que guardaba por la muerte de su esposa, por la muerte de su perro y por la ceguera que lo había aislado toda la vida. De rodillas frente a su casa, de espaldas al Renault 12, decidió que nada valia la pena. Todo era inutil, todo era una metafora sin sentido, una burla. "Las cuentas de la luz", "¿Por que mierda tengo que seguir pagando las cuentas de la luz?" le gritaba a las personas que pasaban por la puerta de su casa cuando se sentaba en la silla de mimbre de la galeria. Luego de un tiempo logró calmarse, y pensó que lo mejor era pedir ayuda. Intentó buscar su bastón, pero ya no lo encontraba, caminó unos cuantos pasos y sintió como cambiaba el piso. Escuchó un ruido, y como si todo hubiera pasado en un segundo, reconoció el 113 que se acercaba castigando los adoquines. Se arrodilló y lo maldijo por última vez.

sábado, 30 de agosto de 2008

Esa vez la basura era lo unico que se podia patear, esa vez sonaba el metafisico en su cabeza, respiraba y mojaba su bufanda que muy alta prendia. caminaba solamente, movia una pierna y otra , una pierna y otra, caminaba a paso firme, se concentraba en sus pies, miraba hacia abajo y veia pasar las baldosas bajo sus zapatos, sus rodillas se movian solamente lo necesario, logrando asi un caminar perfecto a paso moderado y seguro. Sonaba el metafisico en su cabeza.

martes, 12 de agosto de 2008

Colegiales profundo

"La metafora era incomprensible, casi inexistente: Los cantos (extremadamente agudos e irrepoducibles) se acercan a redimir, a recomponer, a restaurar la paz del Colegiales profundo , aquella que hemos profanado los sanguinarios. Ya es demasiado tarde para arrepentirnos, ojala esta carta sirva para poder poner en palabras mi arrepentimiento. Ya es demasiado tarde. "

(Manuscrito original, encontrado en uno de los depositos de la estacion de tren de Colegiales, aquellos que fueran nombrados por Osvaldo como base contra el exterminio.)

Las calles eran rios, las embarcaciones era bienes preciados. Descascarando un caracol de agua para poder comerlo, uno de los sanguinarios mas viejos esperaba sobre su bote. Entre los antiguos residentes de Colegiales se lo conocia como "Salieri", pero para los sanguinarios (que no usaban sus nombres sino que se llamaban por numeros) era "numero 2", famoso por ser la mano derecha de Osvaldo. Numero 2 fumaba una antigua pipa, una que comprara en una de las tantas ferias que se celebraban en las casas de Villa Ortuzar, antes de que las lluvias irrumpieran con su furia atroz. Con una mano sostenia la pipa y con la otra descascaraba con gran destreza el caracol. Su fama de fanfarron lo caracterizaba. Gustaba de alardear frente a los jovenes en las esquinas del antiguo Colegiales, con su voz ronca y sus letras de tango que recitaba de memoria desde su carreta. Pero las lluvias lo habian cambiado. En el bote permanecia en silencio. Con el caracol en la mano y la pipa que fumaba con indiferencia.
Numero 2 habia dado un informe de "normalidad y calma" a su amigo Osvaldo, quien pasara con su bote minutos antes de la primera aparicion. Osvaldo ya habia remado hasta el fondo de la cuadra y habia doblado en la esquina, cuando numero 2 vio por primera vez lo que sus ojos no podian abarcar: el lomo de una ballena. Era sabido que los renacuajos y algunas cuantas variedades de peces habian adoptado el cauce de las calles de colegiales como propio, pero poco se sabia de animales de mayor porte, y mucho menos de ballenas. "Ballenas blancas" dijo numero 2 mientras dejaba caer sin pensar su pipa y el caracol. "Ballenas Blancas", tal como las habia mencionado aquel borracho que se presentaba en las reuniones sociales en el Agora situado en la calle Zarraga. "Vendran por nosotros, como ya lo han hecho, vendran a redimirnos y castigarnos" gritaba el malviviente que irrumpia en los debates que se llevaban a cabo en el Agora. No causaba mas que risas en la gente, que no podia ni imaginar la posibilidad de ballenas avanzando por el ripio y los adoquines de las calles de Colegiales.
"Ballenas Blancas" fue lo ultimo que suspiro numero 2, antes de intentar tomar inutilmente el remo, en el momento en que las fauces del cetaceo se abrian y lo hacian desaparecer de la luz que daba la luna y algunas pocas estrellas, sobre el agua de la calle Conde.

viernes, 25 de julio de 2008

El Diluvio

Las gotas de a poco comenzaron a estrellarse sobre las baldosas, crece el torrente acariciando el cordón, la noche cesa, las lluvias penetran por los poros y ablandan los nervios. Se sabe. Los ríos solo crecen a llantos.Al cabo de siete días de constantes precipitaciones, la rustica avenida Sanguinaria o Elcano para los contemporáneos, se había convertido en un riacho, Osvaldo poseía de un bote y con el ayudaba a los mas nesecitados, ofrecía botas de lluvia pero los mas tradicionalistas no las aceptaban, preferían pisar los charcos y el barro descalzos,
- lo lindo que es pisar el barro descalzo Osvaldo, ¿te acordas? ¿Que mierda estas haciendo? Osvaldo no hacia caso a las recomendaciones de los mas antiguos del lugar y seguía con su clientelismo de bote naranja y chaqueta de cuero.
Pasaron los días y las lluvias seguían sin dar respiro, Colegiales comenzaba a vivir una nueva etapa, las fisuras entre los vecinos eran cada vez mas marcadas. Osvaldo había conseguido cierto numero razonable de seguidores, quienes luego serian llamados los Sanguinarios de la Reformacion, Zamel condenado al ostracismo se convirtió en un habitante de los pagos del puente Olazábal, y la única oposición existente (también lejos de Zamel) era la del grupo de los antiguos residentes, estas personas veían el diluvio como un hecho natural de las fases del tiempo y las estrellas, esperaban un desenlace mas halla de sus acciones y las de Osvaldo. Algunos albergaban a aquellos extranjeros que vinieron con el rumor de la vaga solidaridad en el bienamado Colegiales anterior.
Pasaron meses y los riachos habían crecido, eran tiempos de la séptima generación de renacuajos, crecieron flores acuáticas, y los nietos de los antiguos residentes eran ya eximios nadadores y experimentados pescadores de mojarras, la lluvia no cesaba, a veces era solo un vapor con el que se convivía amablemente, las noches de pocas gotas eran hermosas, se escuchaba a los sanguinarios fumar y jugar a las cartas en los botes de guardia, cantos extremadamente agudos e irrepoducibles subían desde la gran desembocadura de Pampa y la vieja vía hasta aquí. Cada noche son mas las voces y cada vez están mas cerca, los Sanguinarios les temen y les cuesta prender los cigarrillos porque tiemblan, sus encendedores no funcionan por la humedad. A veces, parece que van a enloquecer

domingo, 20 de julio de 2008

Aguas fuertes

El calor del verano inundaba la noche de Colegiales. Acostado en su catrera, mirando el techo a la luz de una vela, Zamel no podía conciliar el sueño. Las gotas le caían por la cara, le pesaban los parpados: los cierra, los abre, los cierra, el cuerpo empieza a girar: los tigres se acercan, se alejan se van. El desierto va entrando de noche en la ciudad, los locos solo miran y lo dejan entrar: Son siete, son miles, no quieren pensar. Son islas desiertas en medio del mar.
Osvaldo pone el último envase vacío de cerveza en un cajón y se dispone a cerrar el kiosco, a pocas cuadras de donde Zamel lo maldice, sobre lo que luego sería conocido como la avenida "Sanguinaria" o "El Cano" en el Colegiales contemporáneo.
Zamel sueña: son huesos, son flores, son miedo y verdad, caminan llorando, sangrando piedad, el cuerpo ya frio, empieza a sangrar, el miedo del cuerpo y de la libertad.
Osvaldo prende un cigarrillo. Poco se sabe de aquello que tanto le interesa: barrios que cruzan el Rio de La Plata. Solo sus nombres: Colonia, Montevideo, en fin, "Uruguay". Apaga el cigarrillo contra el cordon de la vereda. Escribe en su libreta: "Prosas modernas cruzando altamar, juguetes rabiosos que vienen y van." Osvaldo, que sería mas tarde homenajeado por Roberto Arlt, recuerda aún la primera vez que enfrentó a Zamel en el Agora o Plaza Zárraga, como se la conoce en el Colegiales moderno. "Aguas fuertes, al puerto han de llegar: porteños cristales, de viento, de sal" gritaba con su puño en alto el kiosquero, mientra "El Turco" lo escuchaba con cara de pocos amigos.
Zamel sabía que las intenciones de Osvaldo disentían con las de los ciudadanos de Colegiales. Una noche calurosa, Zamel despertó y decidió pasar una advertencia. Con carbón, y de su propio puño, escribio frente al kiosco de su nuevo enemigo: "Osvaldo: En la biblioteca de su barrio (lo que hoy se conoce como la libreria del Sol), con Trotsky y Karl Marx, usted y los suyos, que distan ya de los nuestros, están corroyendo valores del discurso institucional. Colegiales le pide que cierre su kiosco por última vez y camine hasta el Rio de La Plata sin mirar atrás" y abajo firmaba, con su propia sangre: "El Turco" (pueden verse en el barrio actual, homenajes ciudadanos de aquella historica firma.)
"Aguas fuertes, al puerto han de llegar: porteños cristales, de viento, de sal..."

jueves, 17 de julio de 2008

La Sanguinaria

Había una pulpería donde solían juntarse los sanguinarios, antiguos personajes con patillas largas y vozarrones autoritarios. Esta se encontraba atrás de lo que hoy es la Parroquia de San Ambrosio en el actual Colegiales, eran épocas donde los chicos cazaban ranas en el arroyo, se ensuciaban las rodillas y sus madres les rezongaban en algún dialecto de del sur de la península itálica. Los tiempos del Sanguinario fueron tiempos de paz y buen augurio aunque su nombre ofrezca lo contrario, se recuerda con mucho brío el mercado y sus animales traídos desde la mística llanura, los llamativos colores de la feria, el organito, las delicias de la vida sencilla, los grillos entre los pastizales y el cantar de gallo por la mañana.
Bien se decía que no hacia falta trabajar mucho para sobrevivir en el antiguo Colegiales, este dicho molestaba a los oriundos de la región, no por la falsedad de la proclama sino más bien en defensa del patrimonio del poblado y sus beneficiarios. Verdad era que en Colegiales uno podía andar descalzo el día entero, los niños los hacían hasta los quince años o hasta que les calce algún zapato antiguo de su padre, tío o familiar cercano, algunos hombres no se calzaban jamás y podían pasar toda una vida descalzos deambulando por los aledaños. También se decía que no había mucho problema para conseguir alimento, la caza para el autoconsumo estaba permitida, y no estaba mal visto carnear animal ajeno siempre y cuando sea para satisfacer el hambre de uno, si el animal carneado era de un tamaño mayor el carnero debía asar sus carnes en una esquina y ofrecer menudas porciones de animal asado a quien pase por allí, tampoco estaba mal visto pedir un plato de comida tocando amablemente la puerta de una casa.
Estas costumbres se mantuvieron por mucho tiempo hasta que el rumor de la sana y solidaria vagancia el Colegiales antiguo domino y oscureció las tardes, comenzaron a venir personas de muchos lugares a descalzarse y a comer asados en la esquinas de la zona, los Sanguinarios hervían en sus sangre ante el hecho y los debates en la pulpería eran cada vez mas subidos de tono.
Zamel, el turco reaccionario propuso las brigadas rojas, mostró un plan que el mismo había diseñado en un gran libro rojo y prometía con ademanes que en quince días eliminaría a los vagabundos que silban blues y comen asado a orillas del tren. Osvaldo el Sanguinario lo escuchaba atentamente pero tenía otros planes y con su pulgar abajo hizo sentar al fiel colaborador. Zamel no gusto de esa desautorización. Mirando de reojo se sentó y bebió un trago de amarga cerveza.
Osvaldo en una oración definió la sesión, propuso esperar y tratarlos bien, hacerlos sentir parte del bienamado Colegiales,
-¡Les daré cerveza fría y barata, fiare algunos envases también, yo verán cuantos beneficios traerá a nuestras arcas, pero desde hoy en adelante mis compañeros, ustedes deberán trabajar de sol a sol, será un nuevo Colegiales!
La gente se alboroto, Osvaldo luego de disertar saco el facón de su cinto y dio por acabada la velada, hubo desmanes a la salida y Zamel dejo de confiar en su jefe, volvió a su casa con las manos en los bolsillos, escuchaba ese maldito blues y pensaba, pensaba con el ceño fruncido y las manos en los bolsillos…

lunes, 7 de julio de 2008

Antartida roja

El banquete era inaudito. Comparable al miedo que surge de la nada y nos deja los pelos de punta. Sin casi parar para respirar, desgarraban la carne de una vaca. Sobre lo que un tiempo mas tarde seria la avenida "El Cano". La sangre manchaba la calle/pradera. El que luego seria reconocido como "El metafisico", no compartia lo que tenia con su hermano, su hermano mayor, que ni imaginaba lo que no podia ver: los semaforos de la avenida "como cristales y pajaros que reflejan la corporidad de una gota roja sobre el diario de algun dia que todavia no vendria a buscar al metafisico..." Todo era una abstraccion, una proyeccion, una transicion de lo que hoy conocemos como "Cosmovisiones", pero que no hace mas que metaforizar el paso del tiempo entre el reinado de "el sanguinario" y la breve aparicion del "metafisico" sobre el lomo de una ballena, en la ancha inmensidad de la meseta árida de plena calle corrientes o en lo rojo de la Antartida. Lo Barroco no tenia lugar, lo atroz destruia lo abstraido: lo "metafisico". El banquete era inaudito, Platon lo sabia bien, y el quiosquero era de leer mas a los filosofos que el rioplatense.

jueves, 3 de julio de 2008

El metafísico

El primer encuentro fue en el barrio de Colegiales.

"Buenas noches, una cerveza fria y unos Jockey suaves..."

El quiosquero levantó apenas la mirada del diario.
"¿Tenés envase?" respondió.

"No, pero voy a tomarla aca a la plaza esta mugrienta de acá a la vuelta y se lo traigo"

El kiosquero se sobresaltó: con una mano corrió el diario y con la otra agarró un cuchillo que tenía abajo del mostrador y que rara vez usaba para cortar el pan de algún pancho.
"¡No te voy a permitir que hables así!" le gritó, y en el momento en que iba a acercar el cuchillo a la cara del joven, entraron dos monos para interrumpir la escena.

"¿Que haces con ese cuchillo en el aire Osvaldo?" dijo uno de ellos.

"Estaba por destripar a alguien, hasta que entraron ustedes"

"¿A quien?" dijo el segundo mono, que estaba un poco mas asustado y mantenía cierta distancia con respecto al "sanguinario" quiosquero.

¿"Como a quien? Al tipo ese que anda por ahi, que camina por la cortada de Zárraga, el que escupe en la fuente de las Ballenas de la Plaza. ¿No lo conocen?... El que viene a joderme todas las noches, recien estaba aca parado, aca parado como si nada, pidiendome una cerveza con esa tonada de Uruguayo que da miedo..."

(Basado en una historia real, ocurrida entre las 11pm de algún dia Lunes y la 1am del Martes siguiente)

lunes, 30 de junio de 2008

¡monos, ballenas y elefantes uníos!

Lunes, siempre es lunes en el barrio de colegiales, lunes desierto, el último de junio, en lo único que se puede pensar a la medianoche es una bolsa de agua caliente para calentar el lecho. Lu- nes, L-u-n-e-s, que estupidez, Ju-nio, Ju - n-io, otra estupidez, hace frio, hay niebla eso es lo único que es verdad, lo único que se ve, se percibe y se combate, desde las camas a la luz de los televisores, televisores, que estupidez, taparse mucho que hace mucho frió, en cinco horas la cafetera sabe que se tiene que levantar. Lunes – Junio – Televisor – Rosivelet – Oinuj – Senul.
La espada Zarraga caerá sobre sus hombros, la asociación necesita sangre nueva,
¡Atacad Gladiadores del Tiempo!

· poesia panfletaria en favor del partido mono sobre la guerrilla en el barrio de Colegiales durante la transicion de los reinados de Osvaldo el sanguinario y Uruguayo el metafisico
· - Fuente : Archivo personal del Doctor Francisco Santoro

domingo, 22 de junio de 2008

Uno, dos, tres... (ruido)

Una noche lo decidieron, y a la noche siguiente lo hicieron: Todas y cada una de las oficinas de Buenos Aires debían quedar vacías. Sin timbres, sin escritorios, sin sillas, sin papeles, sin teléfonos, pero por sobre todas las cosas sin personas. Subieron a sus autos y empezaron a andar: una noche, dos noches, tres noches. Las oficinas ya habían quedado vacías, pero olvidaron desconectar un teléfono. Solo un teléfono. Comenzó a sonar, una noche, dos noches, tres noches, y las paredes no pudieron soportarlo. Empezar a resquebrajarse, luego el techo, los pisos empezaron a apilarse unos sobre otros, hasta que finalmente todas las oficinas se derrumbaron y cayeron sobre las plazas de la ciudad. Las flores se vieron invadidas por los escombros, los juegos para niños, destruidos, sangraron su dolor en caños doblados y despintados. Ninguno de aquellos que habían decidido dejar atrás sus oficinas se enteró jamás de esto. Continuaron andando en sus autos. Una noche, dos noches, tres noches…

miércoles, 11 de junio de 2008

El desierto

La realidad son cajas. Son en realidad distintas valijas que se abren y se cierran indistintamente a lo largo del tiempo. Son valijas que dejan caer arena por entre sus cierres mal cocidos, por sus vertices de tela vieja y a rombos escoceces (rojos, negros y verdes). Son nada mas que eso: valijas. Se abren cada tanto, y al abrirse puede verse el interior: El mundo, como una pequeña maqueta. Sus barcos, sus rios, las montañas (si es que las hay), las personas, las rutas, las calles, los semaforos...rojo, amarillo, verde (un hombre cruza en verde, es atropellado, continua su vida en otra valija, en una valija distinta, que puede estar cerrada o puede estar abierta, es indistinto).

Alejandra lo recuerda cada tanto, aquellas charlas por telefono, o caminando hasta la parada del 113.

Los aviones son la única forma de viajar de una valija a otra (si es que ambas estan abiertas). Desde una torre de control, mientras come bizcochitos de grasa y toma mate, una viejo operario controla todas las valijas y sus dueños que caminan por el desierto dia y noche. Cada tanto se detienen y algunos de ellos abren las valijas para buscar un pañuelo y secarse la frente, o sacan una botellita de colonia y se humedecen el cuello y parte de la espalda. Estas pausas suceden cada vez con mayor frecuencia y son el resultado del envejecimiento de los dueños de las valijas (este proceso de envejecimiento de los dueños, dentro de las valijas, se conoce con el nombre de "tiempo"). Es durante esas pausas que el operario de la torre anota en un cuaderno cuales son las valijas abiertas, y da la orden a los aviones para que vuelen de una valija a otra. Muchas veces las valijas se cierran antes de que los aviones lleguen a destino y estos quedan volando por el desierto, hasta que la nafta se acaba y se estrellan contra la arena caliente. Asi se explican los grandes cambios de la historia: La revolución Bolchevique, el Renacimiento, el descubrimiento de America, alguien que encuentra al "amor de su vida", etc, etc, etc. Todos son simples abrir y cerrar de valijas, aviones que despegan y no llegan a destino. El resto es lo de siempre. La vida es adentro de las valijas, de las valijas que viajan en la mano de alguien que camina errante por el desierto, que frena cada tanto a buscar un pañuelo o a ponerse colonia, que se queja de que le duelen las rodillas o el codo del brazo con el que carga la valija. Lo de siempre Alejandra: Despertarse, caminar hasta el colectivo, ir a trabajar, comer, bañarse, tomar un café con un amigo, leer un libro de Horacio Quiroga, tocar el piano y esperar a morir algún dia, adentro de alguna de todas las valijas, indistintamente de cual sea.

domingo, 1 de junio de 2008

Avenida Sinclair

La avenida Sinclair se pierde en polvo por el paso de los camiones y colectivos, con la primer resolana del día el polvo muta en nubes naranjas y rosas, los chicos caminan hacia la escuela encapuchados y muertos de sueño. Alguien con frió, a la espera del colectivo prende un cigarro, este llega al instante y el cigarro encendido termina en el suelo, el colectivo sigue su marcha dejando una estela de gasoil y un oportunista levanta el cigarro. La avenida Sinclair oscila entre la constante renovación y la eternidad e inmutabilidad de sus personajes que habitan las calles adelañias. La pura imagen y el café con leche y tres medialunas, estruendos de camiones sobre los cráteres de la avenida y el ritmo que empieza a acelerar, los chicos ya entraron a clases y la hora de hacer de hacer los mandados se desarrolla con calma en la verdulería, se venden cd’s y dvd’s al costad del árbol mas raquítico y quijotesco alguna vez visto.
El observador se levanto y camino unas cuadras por la suspirada avenida y luego doblo por una calle de tierra, con las manos en los bolsillos de la campera se perdió en entre el caserío y algunos perros que le chumbaban. Después vendría el mediodía y nuestro observador no estaría allí para contarlo, lo espera la tarde en algún otro paraje o lo sorprenderá en su morada, pensativo y cabizbajo, deseando que la noche abrase sus reclamos de incrédula existencia.
Efectivamente en una pieza medio habitación y medio depósito, detrás de un almacén, entre cajones de cerveza y cajas de galletas lo encontró la noche. Entraba luz por una pequeña ventana, de la que recostado en la cama solo podía ver cielo, esa noche más helada que nunca. Las estrellas congeladas y el vidrio de la ventana comenzaba a empañarse. El humo del cigarro le deformaba la cara y así pretendía seguir toda la noche, cigarrillo tras cigarrillo en compañía de un silencio en forma de vals campero o música de río en su cabeza. Se dormiría, y bajaría en bote con la tarde, remando tranquilo con la corriente de su lado, podría dejar los remos si quisiera y andar al ritmo del agua, llegar a donde le pareciera pasar la noche, amarrar en algún muelle amigo y tirarse a dormir en la orilla, noche abierta y un calor que parece febrero, cerrar los ojos y sentir la música del rioy el balanceo de las ramas bailando con el viento, una mujer podría aparecer desde el monte a sus espaldas, cantando, con los ojos negros y el pelo noche hasta la cintura, descalza se acerca, lenta, se sienta su lado y besa su frente, el agasajado intenta despertar pero resulta imposible, cantando;
Sobre la costa del río una paloma muy blanca
Detuvo su largo vuela de brisa cielo y distancio
El río desde su cauce le dio a beber de sus aguas
Estrechándole en abrazos la blancura de sus aguas
La paloma dijo al río que su vuelo continuaba
Abrió sus alas al viento y se alejo por la playa
Fue tan fugas esa dicha que pensando en tu distancia
Soy el rió que te añora y tú la paloma blanca.

martes, 27 de mayo de 2008

Aceptación

Irremediable destrucción de lo inmodificable: Destrucción.

-"Where are you going?" preguntó.
-"Disculpe, no hablo alemán...pero de casualidad ¿No tiene fuego?" respondí.

No es suficiente pensar en lo irremediable, en lo que no tiene solución, en lo que es de una forma y no podrá (jamás) ser de otra.

-"Modifico los accidentes... ¡¡¡no la esencia!!! ¡¡¡los accidentes!!! ¡¡La esencia se modifica en Sartre, no en Santo Tomás!! Anoten alumnos...y rápido, que tenemos que pasar a otro tema y la clase de hoy es corta."

-"No anduve leyendo mucho últimamente. El libro de Gorostiza nomás."
-"¿De que trata?"
-"De la dictadura de Uriburu, de un fusilamiento, de una historia de amor, de un barrio porteño en aquella época. Una mierda."
-"Mi hermano me dijo que le gustó, por eso te lo regaló."
-"Tu hermano es un pelotudo."
-"Bueno, lo que vos digas amor, te llamo otro día que tengo un montón de cosas para hacer todavía..."

Irremediable es una palabra demasiado fuerte para alguien que cree en el paso del tiempo. Inmodificable debería tener alguna salvedad, algún asterisco que nos permita ir hasta el pie de la página de nuestro libro y leer algo así como "El rumbo de lo inmodificable queda sujeto al libre albedrío de cada individuo." La destrucción de lo que creemos eterno debería darnos una posibilidad de evitarla.

jueves, 22 de mayo de 2008

Oscuridad / Contraflor/ Flor por dentro

Oscuridad.
Realmente oscuridad, pero sobre su cráneo una lamparita incandescente.
- Vamos coronel, vamos que empiezan los tangos.
Inmutable, cabizbajo, solo. Realmente solo.Un cuerpo pálido, magro y despojado de ambiciones sobre la eternidad de la oscuridad que jamás será luz u otra forma de expresión.
Los gritos sordos solamente desgarran gargantas, no se propaga en el ambiente la onda sonora, no escucha y tampoco ve, la destrucción y la ira se presentan en cosas tan simples como la indeferencia, los vidrios blindados y los zoológicos, el perro embalsamado de la fragata Sarmiento y tal vez un recuerdo de la infancia que nos deje el agridulce sabor de la remota felicidad.
Ver, no participar, no hay invitación.No pasa el tiempo, las células no se descomponen, sucede nada.
Giran las miradas sobre el cuerpo y el verdadero agujero negro que lo rodea, intentan deglutirlo o almacenarlo en la retina, para saber mas. Solo por si en algún momento desaparecen sus miserables glúteos o sus profundísimas ojeras.
Sigue estable el dulce Rocinante, allí esta, para que lo traguen y después intenten vomitarlo sin saber que sera imposible deshacerse de el.
No desaparece, vomitan infinitamente

jueves, 15 de mayo de 2008

Flor amarilla

Parado con la puerta de vidrio a sus espaldas. Admira la inmensidad de Enero y las plantas de su invernadero. No utiliza los nombres que aparecen en los libros de jardineria. Prefiere llamar a las plantas con seudonimos. Los colores de algunas hierbas lo perturban. La caída del tiempo en hojas secas lo hace pensar: piensa en seguir las mañanas con un calendario, tachando los dias con un marcador rojo. El viento muere en la puerta, del lado de afuera, del lado que conversa con el frente de la casa y el jardín de las estatuas.
Ahora (que es en realidad varios minutos despues de haber entrado al invernadero) un ruido lo distrae. Una gota golpea el techo del invernadero. El naranja del atardecer de Enero se despide, apurado por un frente de nubes grisaceas que avanzan hacia el sur. Don Cornelio cierra con firmeza la puerta del invernadero y se refugia entre las plantas. Hay de todas las formas y colores. La lluvia le gusta, le hace recordar las tardes de su adolescenia en el Botanico de Buenos Aires con Silvia. Le hace recordar las manos de Silvia cortando alguna planta y metiendosela en el bolsillo. Le hace recordar los peces carpa de la fuente. Se acuerda tambien del departamento que el padre de Silvia utilizaba como taller: el 1er piso que daba a Las Heras, a pocas cuadras del Botanico. Se acuerda ahora (que en realidad es varios minutos despues de que la lluvia empañe las paredes del invernadero) de aquella vez que esperando el 59 en Las Heras, la lluvia los sorprendiera y Silvia lo invitara a subir al departamento. Se acuerda de sus manos en la espalda, en los pechos de Silvia, entre sus piernas. Besos y fuertes respiraciones. Cuerpos mojados y desnudos que se acuestan sobre un sillón lleno de bocetos y pinturas. Un ruido lo trae nuevamente al invernadero. La puerta esta abierta. Un frio indescriptible le recorre el cuerpo: junto a la puerta ve dos monos, y casi sin querer hacerlo, mira un poco mas lejos y ve un elefante que se acerca a una de las estatuas del jardín.

sábado, 10 de mayo de 2008

Cubiculo 745-b

Se tocan sus incomodas partes, las ballenas blancas habitan lo mas profundo del ser, eso escriben los analistas preocupados por la mar caspia y castaña desterrada de convicciones propias.
- Cállate hijo de puta, cállate la boca. Mírame fijo - y lo miraba - cagon, ¿ya te measte?
Lo escupieron, lo lloraron, lo lamieron los gatos del botánico.
Se mira en todos los parabrisas, solo allí ve las nubes y los cielos.
-Capicúa
“Gran Convocatoria Gran: Obra benéfica del Señor Parodi y su mujer Doña Teresita Azucena de Azcuenaga regalara agendas para sordomudos el martes siete de junio a las 18 hs en el cruce de las avenidas 107 y Sinclair.
- 35, 36, 36, ¿nadie con el 36?, 37, 37,37 ¿en que le puedo atender?
- ¿Estos son los últimos bebes que le quedaron? a ver… ¿medio negritos no?
- Todos correntinitos, ¿vio? ¿Va a querer uno?
Una moneda de diez centavos, un boleto, tres colillas y medio cigarrillo, se ofrecen señoritas y efectivo al instante.
Aquí no paso nada, mientras me arrastro con las manos.

lunes, 5 de mayo de 2008

Medianoche

"¿Quien puede andar a estas horas por la vía del tren?"
Sentado en mi habitación escucho la bocina de un tren.
Son las 0:18am... "¿Quien puede andar a estas horas por la vía del tren?"

Algun coyote, algun extraño "ser", alguien con un libro de Sartre en el bolsillo de un sobretodo azul.

(...)Aledanas calles en donde las voces y las miradas de oscuros y nocturnos testigos se detienen o se desvian (dependiendo el caso) hacia la distancia próxima de la vía del tren.(...)

"De seguro no hay nadie en el anden" reflexiona alguien en voz baja, y remata: "¿Quien puede andar a estas horas por la vía del tren?"

"No te preocupes querida, todavía se reflejan (a contraluz) en la superficie del agua algunas hojas secas que fueron arrojadas por el viento" dice una señora de uñas largas y rojas. Luego corta el telefono y se dispone a retomar la novela. Al hacerlo piensa en voz alta: "La semana que viene voy a viajar a la ciudad."