Monos, Ballenas y Elefantes oiganme, SOY SU DIOS !!!
Soy su Dios, haganme caso,
siganme!!!
Sobre el capot de un auto estacionado, en la esquina de las calles Pampa y Ciudad de la Paz .Predicaba a la nada, a todos. A todos los monos, ballenas y elefantes que pasaban por ahi.
Siganme, confien, crean, y pasaba de auto en auto invocando santos o animales, vendran a buscarnos y vamos a estar preparados.
Haganme caso !!!
Aparecieron dos tipos con lentes ahumados, lo metieron dentro de un auto y siguieron pampa derecho.
Mono!, era un mono encubierto, se metio en problemas y yo lo se.
Hablo de mas .
martes, 30 de octubre de 2007
viernes, 26 de octubre de 2007
La vida electoral de un elefante, un mono y una ballena
Ni Horacio Quiroga lo hubiera imaginado. Ni tan cruel, ni tan real, ni tan animal.
Dentro de la selva la gente se acercaba (en cantidades innumerables) hacia las urnas. Llegaban, caminaban a paso firme, ingresban en los cuartos oscuros (de luz). Desplegaban largos manteles sobre las boletas que lucian los nombres de los "candidatos", apoyaban bandejas con comida: Lechón con ensaladas, Abadejo, Costillas de cerdo, Achuras, Carnes de Res, etc, etc, etc. Comían hasta el cansancio (no elegian lo que comian, la oscuridad del cuarto no lo permitia), se limpiaban la boca y las manos engrasadas con las boletas electorales. Eructaban desmedidamente, se reían, tomaban vino y, de sobremesa, comían Chocolate en Rama y tomaban Whisky o (Cognac) en finas copas de cristal.
Al salir del cuarto oscuro les devolvian el documento (Nacional y de Identidad) con un sello en la seccion de "constancias electorales":
Sello
Votó el día......................
........................................
Presidente del comicio
Dentro de la selva la gente se acercaba (en cantidades innumerables) hacia las urnas. Llegaban, caminaban a paso firme, ingresban en los cuartos oscuros (de luz). Desplegaban largos manteles sobre las boletas que lucian los nombres de los "candidatos", apoyaban bandejas con comida: Lechón con ensaladas, Abadejo, Costillas de cerdo, Achuras, Carnes de Res, etc, etc, etc. Comían hasta el cansancio (no elegian lo que comian, la oscuridad del cuarto no lo permitia), se limpiaban la boca y las manos engrasadas con las boletas electorales. Eructaban desmedidamente, se reían, tomaban vino y, de sobremesa, comían Chocolate en Rama y tomaban Whisky o (Cognac) en finas copas de cristal.
Al salir del cuarto oscuro les devolvian el documento (Nacional y de Identidad) con un sello en la seccion de "constancias electorales":
Sello
Votó el día......................
........................................
Presidente del comicio
jueves, 25 de octubre de 2007
Los elefantes van al supermercado ...y jamas regresan
Días como hoy los elefantes van al supermercado, rosas, pomposos, y alegres como todo elefante que un día nublado va al supermercado. Discuten torpemente sobre precios y productos, llenan changos y con exagerados gestos los vuelven a vaciar, se miran y vuelven a empezar el circo. Vuelan mermeladas en cantidades extremas, nadie hubiese pensado que estos rosados son tan fervientes consumidores de mermelada de damasco, rebalsan sus carros de todo tipo de colores, rojo tomate, amarillo esponja, naranja balde, azul limpia inodoros e infinidad de tonalidades dignas de un supermercado. Los chicos boquiabiertos, presos en corrales de acero se revolucionan, entran en éxtasis, se ríen fuerte, quieren ser elefantes, quieren mermeladas de todos los colores, gritan, patalean y hacen desbordar a sus mamas, estas se ponen frenéticas pierden la cuenta de lo que gastan y tienen que empezar de nuevo.
El pandemónium general. Una orquesta parece acompañarlos en sus movimientos, la música se torna disfuncional, las góndolas bailan al compás del concierto de elefantes. Las señoras se molestan ante tanto derroche de energía al momento de las compras, les da envidia el ímpetu con el que huelen los tomates. No se explican porque estos rosados se sorprenden ante la curva de un pepino y les enerva que busquen sombra bajo la copa de un brócoli. Rotundamente dobla el enojo que estos paquidermos la encuentren y después de tanta farra tengan su merecido descanso en la verdulería del supermercado.
Ante tanta calma y siesta se gesta la tormenta alrededor de su ojo, caos y tragedia. Las góndolas empiezan a sospechar, el elefante de los pañales se inquieta pero no es considerado, el otro elefante local, el de los cereales de chocolate lo calla nervioso.
A pesar de todo la calma es calma y los elefantes saben descansar, van a morir de paz, dicen. Sus bostezos eternos y sus estremecimientos son la envidia de los repositores, que hartos de arvejas enlatadas quieren soñar como ellos.
II -
Del otro lado del supermercado donde la aridez es extrema, abundan los cartones y las cajas ásperas de colores chillones. Allí la polenta es paisaje y el ser queda supeditado a él, todo se escapa entre los dedos, la razón de los cartones.
Un par de ojos vigilan –todo- astutamente, se mueven velozmente entre los productos. Obligan y mantienen el régimen de entradas y salidas, tanto de productos como de personas.
El régimen de la mirada en la nuca, la rectitud rectificada solo con el sonido de una fuerte respiración, el altavoz busca personas que nunca encuentra, se las trago la polenta, o alguna góndola.
Los rosas se acurrucan, el aire a-condicionado empieza a molestar. Las señoras ya no pasan por donde los tomates y las que pasan les tapan los ojos a sus chicos. La verdulería queda desierta y silenciosa, se escucha un tubo de luz.
No quedo nada.
Se encienden los televisores, las promotoras reparten queso en galletitas, los nenes comen hasta reventar, las señoras compran más queso y los nenes chochos piden más.
Una señora busca desesperadamente arvejas. Los repositores duermen la siesta.
- Paz?
El pandemónium general. Una orquesta parece acompañarlos en sus movimientos, la música se torna disfuncional, las góndolas bailan al compás del concierto de elefantes. Las señoras se molestan ante tanto derroche de energía al momento de las compras, les da envidia el ímpetu con el que huelen los tomates. No se explican porque estos rosados se sorprenden ante la curva de un pepino y les enerva que busquen sombra bajo la copa de un brócoli. Rotundamente dobla el enojo que estos paquidermos la encuentren y después de tanta farra tengan su merecido descanso en la verdulería del supermercado.
Ante tanta calma y siesta se gesta la tormenta alrededor de su ojo, caos y tragedia. Las góndolas empiezan a sospechar, el elefante de los pañales se inquieta pero no es considerado, el otro elefante local, el de los cereales de chocolate lo calla nervioso.
A pesar de todo la calma es calma y los elefantes saben descansar, van a morir de paz, dicen. Sus bostezos eternos y sus estremecimientos son la envidia de los repositores, que hartos de arvejas enlatadas quieren soñar como ellos.
II -
Del otro lado del supermercado donde la aridez es extrema, abundan los cartones y las cajas ásperas de colores chillones. Allí la polenta es paisaje y el ser queda supeditado a él, todo se escapa entre los dedos, la razón de los cartones.
Un par de ojos vigilan –todo- astutamente, se mueven velozmente entre los productos. Obligan y mantienen el régimen de entradas y salidas, tanto de productos como de personas.
El régimen de la mirada en la nuca, la rectitud rectificada solo con el sonido de una fuerte respiración, el altavoz busca personas que nunca encuentra, se las trago la polenta, o alguna góndola.
Los rosas se acurrucan, el aire a-condicionado empieza a molestar. Las señoras ya no pasan por donde los tomates y las que pasan les tapan los ojos a sus chicos. La verdulería queda desierta y silenciosa, se escucha un tubo de luz.
No quedo nada.
Se encienden los televisores, las promotoras reparten queso en galletitas, los nenes comen hasta reventar, las señoras compran más queso y los nenes chochos piden más.
Una señora busca desesperadamente arvejas. Los repositores duermen la siesta.
- Paz?
lunes, 15 de octubre de 2007
Ludwig van Beethoven y su interpretación de la Ballena
Mirábamos adentro de una oreja.
En realidad no era una oreja, y mucho menos para Magritte. Claramente era una simple representación de una oreja.
Era una oreja dibujada con acuarelas sobre el cartón de una caja de pizza de Croxi.
Como era Sábado no había problemas para mirar adentro de esa oreja. No había horarios de oficina, no había subtes rabiosos que cargaban personas en Congreso de Tucumán y las dejaban en Catedral. No había noticieros que sembraban paranoia y miedos: “El granizo, la lluvia…”, “Alerta meteorológico…”.
En la televisión solo mostraban documentales de la vida de Beethoven. Quizás algún Sábado mostraron la vida de Mozart, pero no creo que podamos recordar eso, ya que por lo general los sábados escuchábamos discos de pasta de Beethoven (no nos gustaba ver su biografía en la televison) y mirábamos adentro de una oreja que cambiaba lentamente su color, dibujada sobre el cartón de esa caja de pizza de Croxi…
Magritte, Beethoven, una pizza de Croxi… Todos parecen lo mismo escritos en un “documento en blanco” de Word.
En realidad no era una oreja, y mucho menos para Magritte. Claramente era una simple representación de una oreja.
Era una oreja dibujada con acuarelas sobre el cartón de una caja de pizza de Croxi.
Como era Sábado no había problemas para mirar adentro de esa oreja. No había horarios de oficina, no había subtes rabiosos que cargaban personas en Congreso de Tucumán y las dejaban en Catedral. No había noticieros que sembraban paranoia y miedos: “El granizo, la lluvia…”, “Alerta meteorológico…”.
En la televisión solo mostraban documentales de la vida de Beethoven. Quizás algún Sábado mostraron la vida de Mozart, pero no creo que podamos recordar eso, ya que por lo general los sábados escuchábamos discos de pasta de Beethoven (no nos gustaba ver su biografía en la televison) y mirábamos adentro de una oreja que cambiaba lentamente su color, dibujada sobre el cartón de esa caja de pizza de Croxi…
Magritte, Beethoven, una pizza de Croxi… Todos parecen lo mismo escritos en un “documento en blanco” de Word.
viernes, 12 de octubre de 2007
Breve aparicion de la Ballena
En el Tigre era la hora en que las ranas empezaban a croar.
- (suspirando) Horas minutos y segundos!! Me gustas mucho como para ponerte minutos, le decía el isleño al sonido batracio.
De repente una ola bastante mayor a la de algún ex jugador de fútbol y su bote.
Se agarro fuerte y agacho la cabeza, perdió un remo.
Miro hacia atrás siguiendo la estela gigante y desprendiose de un rosario de insultos.
Asustado vio que el agua volvía mas agitada que el, se sentó y respiro, tomo un trago y de a poco volvió a oír a las ranas.
Definitivamente cayó el sol.
- (suspirando) Horas minutos y segundos!! Me gustas mucho como para ponerte minutos, le decía el isleño al sonido batracio.
De repente una ola bastante mayor a la de algún ex jugador de fútbol y su bote.
Se agarro fuerte y agacho la cabeza, perdió un remo.
Miro hacia atrás siguiendo la estela gigante y desprendiose de un rosario de insultos.
Asustado vio que el agua volvía mas agitada que el, se sentó y respiro, tomo un trago y de a poco volvió a oír a las ranas.
Definitivamente cayó el sol.
domingo, 23 de septiembre de 2007
Peronismo interpretado (con la Orquesta típica porteña)
Hay dos cosas en la pared: un cuadro muestra a Roberto Goyeneche. Lo otro es un banderín de Platense.
Saavedra entra en la noche de un Sábado cualquiera. Junto a una mesa un hombre saca un cigarrillo y se lo pone apagado en la boca. Se arremanga la camisa. Mira por la ventana y ve pasar dos monos. Uno de ellos viste un traje negro, moño y galera. El otro camina unos pasos más atrás, pantalón, camisa y corbata.
El hombre enciende el cigarrillo y pide un café.
-Un cortado –dijo-.
Lo olió y lo tomo de un sorbo.
-Otro cortado Sergio –dijo-.
El hombre lo olió y se guardo la taza y el café en el bolsillo del saco que había colgado en la silla que lo enfrentaba.
Entraron dos monos al bar (Traje de fajina, bigote, botas y sable). Se sentaron en una mesa. Desplegaron un mapa. Uno de ellos sostenía el mapa mientras el otro dibujaba líneas de colores por todo el papel.
El hombre los miró, y sin que se dieran cuenta, se acercó hasta la barra y cambio el disco de Goyeneche por otro de Goyeneche. Los nervios lo delataban en frías gotas que le caían desde la sien hasta el cuello de la camisa.
Empezaron a llegar otros monos: Traje de fajina, bigote, botas y sable.
La televisión que había permanecido apagada al final de la barra se encendió.
El hombre miró a los monos. Lo miraron. Se sentaron y empezaron a desplegar más y más mapas.
Uno de los monos se detuvo. Levantó la cabeza y miró al hombre.
-¿Nos esta hablando a nosotros…?
El hombre no tuvo tiempo de responder. Los monos que hasta ese momento habían estado concentrados en sus mapas, se levantaron y se acercaron hasta la mesa en donde estaba el hombre.
Se peleaban por ocupar la silla que sostenía el saco, hasta que uno de ellos se quemó con el café caliente que salía del bolsillo.
Goyeneche cantaba de manera desgarradora las frases de “El último Farol” de Troilo, intentando desviar la atención de los monos, que poco a poco desgarraban la carne de su víctima (Juan Domingo Perón era el nombre de aquel hombre).
La voz de Goyeneche y el ruido de los dientes de aquellos monos fueron las ultimas dos cosas que el hombre escuchó antes de morir.
Saavedra entra en la noche de un Sábado cualquiera. Junto a una mesa un hombre saca un cigarrillo y se lo pone apagado en la boca. Se arremanga la camisa. Mira por la ventana y ve pasar dos monos. Uno de ellos viste un traje negro, moño y galera. El otro camina unos pasos más atrás, pantalón, camisa y corbata.
El hombre enciende el cigarrillo y pide un café.
-Un cortado –dijo-.
Lo olió y lo tomo de un sorbo.
-Otro cortado Sergio –dijo-.
El hombre lo olió y se guardo la taza y el café en el bolsillo del saco que había colgado en la silla que lo enfrentaba.
Entraron dos monos al bar (Traje de fajina, bigote, botas y sable). Se sentaron en una mesa. Desplegaron un mapa. Uno de ellos sostenía el mapa mientras el otro dibujaba líneas de colores por todo el papel.
El hombre los miró, y sin que se dieran cuenta, se acercó hasta la barra y cambio el disco de Goyeneche por otro de Goyeneche. Los nervios lo delataban en frías gotas que le caían desde la sien hasta el cuello de la camisa.
Empezaron a llegar otros monos: Traje de fajina, bigote, botas y sable.
La televisión que había permanecido apagada al final de la barra se encendió.
El hombre miró a los monos. Lo miraron. Se sentaron y empezaron a desplegar más y más mapas.
Uno de los monos se detuvo. Levantó la cabeza y miró al hombre.
-¿Nos esta hablando a nosotros…?
El hombre no tuvo tiempo de responder. Los monos que hasta ese momento habían estado concentrados en sus mapas, se levantaron y se acercaron hasta la mesa en donde estaba el hombre.
Se peleaban por ocupar la silla que sostenía el saco, hasta que uno de ellos se quemó con el café caliente que salía del bolsillo.
Goyeneche cantaba de manera desgarradora las frases de “El último Farol” de Troilo, intentando desviar la atención de los monos, que poco a poco desgarraban la carne de su víctima (Juan Domingo Perón era el nombre de aquel hombre).
La voz de Goyeneche y el ruido de los dientes de aquellos monos fueron las ultimas dos cosas que el hombre escuchó antes de morir.
jueves, 6 de septiembre de 2007
Primera aparición de la Ballena
La gran ballena viaja por la ciudad, blanca inmensa, tan curiosa como lenta, necesita agua y la tiene, la tiene mientras destruye tu ciudad.
Mientras triste se auto-cuestiona, mientras llora al arrasarlo todo, mientras le rezan los cristianos. Estaba escrito y la esperábamos, quedan las páginas de Internet, las cartas sin recibir, las salas de espera, los contestadores automáticos y la oficina de rentas.
Tal vez algún fanático cobrador siga buscando morosos entre tanto pánico, quizás un violinista persevere en sus solfeos mientras la ballena hace lo suyo, las redacciones de los matutinos se tiran a muertas, un director les pega a sus militantes de la periodicidad para que no abandonen el barco, no hubo caso.
En vivo para toda la Republica Argentina excepto Capital Federal y Gran Buenos Aires la muerte de los chicos de Gran Hermano 29. Una producción de la Jefatura de Estado, Capitán Marcel Ti Nelly, Almirante Gerardo Zoofovich y el Comandantisimo Jorge Rafael Rial. En un comunicado emitido por Cadena Nacional informaron sobre la decisión de mantener a los nuevos héroes en la incomunicación, “Los nuevos mártires nacionales, serán recordados como tales y homenajeados como se lo merecen. Las generaciones venideras sabrán valerse de sus enseñanzas, futuro modelo para el joven argentino”.
A las tres horas la ballena arrasaba Martínez, los televisores perdidos y el llanto nacional, el caos y el desconsuelo. Nunca entendieron porque, no supieron del cetáceo.
Se escucho a vecinos hablar de otras ballenas que aparecían, alguien dijo por Avellaneda y otros afirmaban Quilmes. El barullo era constante y algunas cosas seguian su cauce, las facturas sin pagar, los monos de la calle pampa,los despertadores y en alguna tele Expediente fútbol; San Lorenzo campeón del 94.
- Señor su dinero ya no sirve.
Mientras triste se auto-cuestiona, mientras llora al arrasarlo todo, mientras le rezan los cristianos. Estaba escrito y la esperábamos, quedan las páginas de Internet, las cartas sin recibir, las salas de espera, los contestadores automáticos y la oficina de rentas.
Tal vez algún fanático cobrador siga buscando morosos entre tanto pánico, quizás un violinista persevere en sus solfeos mientras la ballena hace lo suyo, las redacciones de los matutinos se tiran a muertas, un director les pega a sus militantes de la periodicidad para que no abandonen el barco, no hubo caso.
En vivo para toda la Republica Argentina excepto Capital Federal y Gran Buenos Aires la muerte de los chicos de Gran Hermano 29. Una producción de la Jefatura de Estado, Capitán Marcel Ti Nelly, Almirante Gerardo Zoofovich y el Comandantisimo Jorge Rafael Rial. En un comunicado emitido por Cadena Nacional informaron sobre la decisión de mantener a los nuevos héroes en la incomunicación, “Los nuevos mártires nacionales, serán recordados como tales y homenajeados como se lo merecen. Las generaciones venideras sabrán valerse de sus enseñanzas, futuro modelo para el joven argentino”.
A las tres horas la ballena arrasaba Martínez, los televisores perdidos y el llanto nacional, el caos y el desconsuelo. Nunca entendieron porque, no supieron del cetáceo.
Se escucho a vecinos hablar de otras ballenas que aparecían, alguien dijo por Avellaneda y otros afirmaban Quilmes. El barullo era constante y algunas cosas seguian su cauce, las facturas sin pagar, los monos de la calle pampa,los despertadores y en alguna tele Expediente fútbol; San Lorenzo campeón del 94.
- Señor su dinero ya no sirve.
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